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Historias en el dentista

Miedo al dentista malmo clínica dental

“Si te hacen daño, lo pago yo”

Hace solo unos meses, Julián González Haro, 61 años y prejubilado por ansiedad, sentía pánico solo con pasar por delante de una clínica dental. Las veces en que había acudido a su dentista “de siempre” se había saldado con escapadas a medio tratamiento –“me iba a la calle y volvía a la media hora”- e intervenciones incluso de pie… Hasta que le hablaron de Malmö, en Móstoles. Los conoció a través de la peña que ha presidido durante 18 años, Las Cumbres, con la que esta clínica dental colabora en las fiestas y otros eventos. “Estos me están vendiendo una película de su negocio”, pensó Julián al conocer a Carlos y Mario, los propietarios, y a Ricardo, el director médico.

Pero hablando y hablando, -“son como psicólogos”- consiguieron tras varias semanas que nuestro protagonista se sintiera dispuesto a entrar en la clínica. “Me habían dicho que me iban a hacer una fotografía en 3D para ver cómo tenía la boca. Yo estaba tan nervioso que no me tenía en pie; de ahí me pasaron al despacho, me mostraron el resultado en la pantalla, me explicaron todo y me mostraron la clínica”. “No está tan mal esto”, se dijo. “No es que me convencieran: lo vi y me convencí yo solo”. Aun así él tenía ya su propia profecía para cuando llegara el momento de tratarlo: “Cuando me siente, me dará la ansiedad”. “No te preocupes, que te sedaremos y no te enterarás de nada, me dijeron y así fue, no es que me quedara adormilado, es que me dormí y al despertar ya estaba hecho”.

Hoy Julián tiene una sonrisa nueva, y no es metafórico: cuestión de empastes, dientes y coronas sobre dientes, implantes… Y acude a Malmö (c/ Ricardo Medem, 8) como si fuera su “casa”: solo, no tiene que acompañarle ya su mujer, Juani, antes indispensable. ¿Resultado? Julián se ha convertido en uno de los mejores embajadores de la clínica dental, y eso es mucho en una ciudad que sabe que Julián es una persona de principios, auténtica y de fiar. “A mi familia y a los miembros de la peña se lo recomiendo a todos, con una frase: Si te hacen daño, lo pago yo; les digo id a la clínica, que os enseñen las instalaciones, conoced al equipo, profesionales y buena gente; cuando aparecen por la peña en las fiestas y alguno dice Son los de la clínica, yo añado: No, son amigos de la peña”.

Artículo redactado por Daniel para la Revista Vértigo